martes, 28 de junio de 2016

MIS CINCO NOVELAS DE FANTASÍA FAVORITAS DEL SIGLO XXI

Ayer lunes celebré en mi muro de Facebook el décimo aniversario de THE LIES OF LOCKE LAMORA, llamándola mi “segunda novela de fantasía favorita del siglo XXI”. Quizá inevitable, más de una persona preguntó cuál era mi favorita. En lo que a mí respecta cualquier excusa es buena para desempolvar el blog así que en vez de simplemente contestar la pregunta con un título se me ocurrió mejor listar mis cinco favoritas. Como siempre, recuerden que no pretende ser la lista de las Cinco Mejores Novelas de Fantasía del Siglo XXI sino tan solo mis favoritas. (Perdón, pero aparentemente hay que explicar lo obvio siempre). En otras palabras, aquí no van a encontrar libros de Brandon Sanderson, que en lo personal encuentro infumables. Para ahorrarnos problemas tampoco voy a distinguir entre fantasía épica o urbana o mera ucronía. Sin más, pasemos a lo bueno. Intentaré ser lo más breve que pueda en cada entrada:


THE FIRST LAW de Joe Abercrombie. Lectores veteranos del blog recordaran mi desagrado ante trilogías y el arte perdido de escribir novelas auto-conclusivas pero aquí se trata de algo distinto. Creo que es evidente para cualquiera que se moleste en leerlos que en realidad se trata de un solo libro, solo que dividido en tres volúmenes por razones de espacio. Libro cínico y revisionista como pocos antes o después, aunque sin jamás caer en la parodia del género también tan común en nuestros días. Abercrombie se demuestra como un enamorado del género, no un detractor, solo que tenía cosas nuevas que decir. Para renovar un género es inevitable usar algunos clichés intencionales y Abercrombie lo hace, como el bárbaro del norte o el gallardo soldado bien parecido, pero manejados de manera inusual y además mezclados con algunos personajes verdaderamente originales (como Sand dan Glokta, el Inquisidor, más bien torturador, que es mi favorito de toda la serie). A Abercrombie se le achaca el crédito de crear el subgénero de “grim dark fantasy”, este nuevo tipo de fantasía más sucia, más vulgar, y con protagonistas (“héroes” seria la palabra incorrecta) moralmente ambiguos, tan diferentes a los personajes de Tolkien o inclusive a los de George R.R. Martin. Aquí nadie viene de noble familia o tiene la menor posibilidad de ascender a algún trono. Aquí solo hay puro soldado raso, puro perdedor. No estoy por completo de acuerdo con esta acreditación. Recuerdo libros como los de Glen Cook  (los de la Black Company, por ejemplo) que ya en los 80s intentaban algo similar, pero es indudable que fue con Abercrombie que se popularizó esto y fue gracias a esta trilogía. Con el tiempo, Abercrombie ha añadido novelas (ahora si auto-conclusivas) y un puñado de relatos a este mismo universo, algunos tan buenos si no es que más que la trilogía original pero en mi caso muy personal ninguno que me volviera  causar el mismo impacto que estos primeros libritos. 


THE RED WOLF CONSPIRACY de Robert V.S. Redick. Hasta el día de hoy es un misterio para mí por qué esta novela no es mejor conocida. El primer libro de la ambiciosa tetralogía The Voyage of the Chathrand es de lectura imprescindible para todo aquel que se jacte de ser aficionado al género fantástico. Habiendo dicho todo esto, me queda claro que no es para todo mundo. Para empezar, ayuda mucho si les gustan las novelas navales (sobre todo las Napoleónicas). Es obvio que Redick hizo su tarea y la narración está llena de tecnicismos como novela de Patrick O’Brian. Por suerte, Redick tiene el suficiente oficio para no permitir que esto detenga la narración. En efecto, se trata de uno de esos relatos de aventuras desenfrenadas que por alguna razón ya no se escriben hoy en día. El gran navío Chathrand es el último de su clase, una montaña flotante de casi 600 años de antigüedad construida con materiales que ya no existen. Es tan grande que se requiere de un telescopio para poder examinar todos sus mástiles. Monstruos gigantes bajo cubierta manejan el ancla. En este enorme escenario es donde el destino de varios reinos y razas chocan durante el último viaje de este colosal navío. El “worldbuilding” es sencillamente asombroso en su cantidad de detalles, desde la historia y geografía de este mundo, hasta sus leyendas (sobre todo aquellas donde participa el Chathrand a lo largo de su existencia). Una faena creativa digna de las novelas de Steven Erikson (si la lista incluyera la década de los 90s tengan por seguro que vendrían por lo menos un par de novelas de Malazan). El trasfondo de THE RED WOLF CONSPIRACY es tan completo que uno desearía que hubieran más historias en este mundo. Por desgracia al final el mismo autor cae en esta trampa. Esta novela estaría mucho más arriba en mi lista de no ser por el hecho que Redick arruina un final perfectamente auto-conclusivo con un epilogo innecesario que solo sirve para desarmar un par de puntos ya resueltos con el claro propósito de escribir una secuela. Aun así recibe mi más alta posible recomendación.


JONATHAN STRANGE & MR. NORRELL de Susanna Clarke. Hay poco que yo pueda añadir sobre esta maravillosa novela que no hayan hecho ya miles y miles de reseñas. Ganadora del Hugo, del World Fantasy, del Locus, finalista al Nebula (y al Whitbread y al Guardian, así como nominada al Booker. Es decir, el tipo de premios literarios al que las novelitas de fantasía en general no tienen acceso), JONATHAN STRANGE & MR. NORRELL marcó un parteaguas en la historia del género. En una Inglaterra del siglo XIX que nunca fue pero virtualmente idéntica a la nuestra, la magia es real pero dejó de practicarse hace mucho tiempo, desde la misteriosa desaparición de John Uskglass hace casi 300 años. La magia es algo que se discute en círculos académicos pero nada más. “Magic is simply something a gentleman does not do.” (Sobre todo porque nadie parece capaz de lograrlo en realidad). Es entonces cuando aparece Gilbert Norrell, un hombrecillo fastidioso que pronto convence a toda la nación de sus habilidades mágicas. No tarda mucho en convertirse en la celebridad del momento de la alta sociedad en Londres. Comisionado por el gobierno crea barcos fantasma para defender la isla de las flotas de Napoleón. Aun con todo su éxito, sin embargo, sigue siendo un hombre mezquino, celoso de que algún otro mago pueda aparecer en Inglaterra. Con la ayuda de su sirviente Childermass se encarga de monopolizar todos los libros de magia en el Reino Unido. Su hegemonía es indiscutida hasta que surge el joven Jonathan Strange, quien a diferencia de Norrell no ha aprendido magia de los libros sino de una naturalidad casi virtuosa. Comienzan como mentor y pupilo pero no pasa mucho tiempo antes que una feroz rivalidad nazca entre ambos, dividiendo al país en dos. Y ni siquiera he mencionado al caballero del pelo como el vilano de cardo… La sinopsis da una vaga idea de la historia pero de ninguna manera revela el por qué es tan especial el libro. Escrita como una verdadera novela decimonónica, con ortografía arcaica, es obvio que sus influencias son Dickens y Jane Austen en vez de Tolkien. La novela cuenta además con casi 200 notas de pie de página que documentan la historia de la “magia inglesa”. Se ha mencionado en más de un lugar que estas notas bien podrían formar una maravillosa novela por sí solas. De lectura densa, es aun así sorprendente como en ningún momento de sus casi 800 páginas parece haber relleno innecesario de ningún tipo. Una obra imprescindible. 


THE LIES OF LOCKE LAMORA de Scott Lynch. El libro que dio origen a esta postal. La historia de un ladrón de poca monta y sus amigos en una ciudad que parecería el reflejo de nuestra Venecia medieval, espolvoreados con capítulos que ilustran la historia de la ciudad y el mundo donde viven. Este es un libro que desde la primera página me agarró y ya no me soltó hasta que lo terminé agotado una semana después. No tengo idea cuánto tiempo llevaba Lynch incubando esta novela en su cabeza pero es de verdad pavoroso la cantidad de detallitos que forman su mundo. Desde la geografía de su ciudad, cada calle y esquina con su propia historia, hasta la misma arquitectura, las costumbres y tradiciones de este mundo al mismo tiempo familiar y completamente alieno. A diferencia de la mayoría de las fantasías actuales, tan solemnes y formales (Brandon Sanderson se me ocurre de inmediato), este es un libro que jamás se toma sí mismo demasiado en serio. Escrita con mucho brío y alegría, sus páginas se devoran en tan solo un manojo de días. He leído en más de un lugar que el libro les recuerda las historias de Fafhrd y el Ratonero Gris de Fritz Leiber, lo cual tiene algo de razón, supongo, pero a mí en realidad el protagonista me recuerda más a Corwin, de las novelas de Amber de Zelazny. Lástima que más gente no lo conoce. Sí, por desgracia las secuelas dejaron mucho que desear (de hecho, son pésimas). Ignoro si esto es debido a que la primera novela creó expectativas imposibles o si simplemente Lynch dio todo lo que tenía en este libro, pero eso no le roba ningún mérito a la novela original.


PERDIDO STREET STATION de China Miéville. En cierta forma, me sorprendió la cantidad de gente que me preguntó cuál era mi novela de fantasía favorita de este siglo cuando la respuesta es tan obvia. Quizá parte de la confusión es debido a que hasta el día de hoy nadie parece estar muy seguro si es fantasía o no. Nadie parece saber cómo clasificar esta novela y creo que ahí yace parte de su encanto. No es CF, no exactamente, pero tampoco parece ser fantasía. Muchos hasta la consideran Steampunk. Muchos la consideran “Weird”. En efecto, en la última década China Miéville se ha convertido en el santo patrono de este movimiento y en gran parte es debido a este libro. Lo que nadie duda es que es uno de los logros literarios más extraordinarios de este siglo. PERDIDO STREET STATION es la monumental novela que nos introdujo al mundo de Bas-Lag y su ciudad principal de New Crobuzon. Una obra maestra perfecta, universal, exhaustiva. El tipo de libro que me causa envidia (de la buena y de la mala). Desearía haber escrito este libro. Un libro que se aleja del modelo de Tolkien (es bien conocido el desprecio de Miéville por Tolkien) y que se asemeja más a los libros excéntricos de Mervyn Peake. Quince años después de leerlo por primera vez sigo asombrado ante el catálogo de maravillas esperando dentro de sus páginas listas para emboscar al lector desprevenido. Hasta la trama es difícil de encapsular. El protagonista es un científico que es contratado por un Garuda, una especie de hombre pájaro (aunque esa descripción es tan inadecuada que no sé ni por dónde empezar) que ha perdido sus alas y que está dispuesto a pagar lo que sea a cambio de poder volver a volar. Mientras esto ocurre, la novia artista del científico, una Khepri, una especie de mujer insecto (con cabeza y mandíbulas de escarabajo) que solo se puede comunicar con su amante mediante señas (las escenas de sexo son… interesantes) es contratada por Mr. Motley, un gangster, para que le haga una escultura de él mismo. La comisión no es tan sencilla ya que Mr. Motley ha alterado su cuerpo tantas veces que ya no tiene una “forma” propiamente dicha. Igual que con la novela de Susanna Clarke, la estrafalaria sinopsis no explica bien lo que hace tan entrañable al libro. Habría que mencionar detallitos incidentales como el Construct Council, una inteligencia artificial creada espontáneamente de las montañas de basura de la ciudad. Una especie de dios steampunk hecho de tecnología victoriana y que propaga el virus de la consciencia a otros mecanismos en la ciudad. Habría que mencionar al Tejedor, una araña multidimensional (con manos humanas nunca ociosas) obsesionada con patrones recursivos y que solo habla en métrica libre. Al gueto comunista de los Garuda. A la trágica historia del exilio de los Khepri. Habría que hablar de sus lenguajes. De los Remade. De los fRemade (sobre todo Jack Half-a-Prayer). Detrás de todas estas invenciones descarriadas Miéville nos habla de la obsesión creativa, ya sea científica o artística, que no te deja dormir hasta no ser satisfecha. Detrás de toda esta pirotecnia, Miéville nos habla de la condición humana. Aquellas personas que se niegan a leer literatura fantástica porque creen que es mero escapismo nunca han leído a Miéville...

Lo más sorprendente de esta lista es que casi todas estas novelas (excepto una) son opera prima. A veces esto es bueno, cuando el autor no logra controlarse y le mete de todo al libro, aun lo que no es estrictamente necesario. Ese entusiasmo tan contagioso del autor que hasta el lector puede sentir. Ya solo para terminar me gustaría hacer mención honorifica a THE NIGHT CIRCUS de Erin Morgenstern y THE NAME OF THE WIND de Patrick Rothfuss, que habría sido perfecta si tuviera un editor más exigente y le tijereteara unas 200 páginas por lo menos (y aun así quedarían casi 500 páginas)

sábado, 18 de junio de 2016

LOS MUCHOS UNIVERSOS DE CAROLYN IVES GILMAN

En el último podcast de los Verdhugos recomendé en un momento de desesperación la novela DARK ORBIT de Carolyn Ives Gilman. La desesperación no se debía a que no fuera buena, sino a que en realidad no se trata de un libro nuevo. Salió a mediados del 2015, pero si son pobres como un servidor (o tacaños) hubo que esperar hasta el mes pasado para que nos llegara la edición en rustica a precios (ligeramente) más asequibles. La verdad es que de haber sabido de antemano lo buena que es a la mejor habría comprado la versión en tapa dura, aunque eso significara comer latas de atún toda una semana. Yo ya le tenía muchas ganas por un par de razones. Soy seguidor incondicional de esta escritora desde que leí sus novelas cortas “Arkfall” y “The Ice Owl” hace un par de años. Historias tan buenas que uno se pregunta por qué no es más conocido el nombre de esta mujer. La novela ocurre en el mismo universo de los Veinte Planetas de esos dos relatos previos pero es completamente independiente. No es necesario haberlos leído para entenderla (la frase “Veinte Planetas” se menciona tan solo dos veces en todo el libro) de la misma manera que se puede leer THE LEFT HAND OF DARKNESS sin jamás haber abierto primero ROCANNON’S WORLD. Como verán a continuación, estos dos ejemplos no son accidentales.

En efecto, recuerdo que lo segundo que atrajo mi atención de este libro el año pasado fue el entusiasmo con el que Ursula Le Guin lo recomendó en varios lugares. Como quizá sepan, la señora Le Guin no suele promover novelas (ni siquiera las suyas) con mucha frecuencia. Uno no tarda mucho en descubrir por qué el libro le gustó tanto y sin embargo creo que le puede interesar no solo a los lectores de Le Guin. Si bien es cierto que Gilman escribe aquí una novela de CF antropológica como las que Le Guin producía en los 70s, también hay que añadir que lo hace usando únicamente la más rigurosa ciencia. Hay escenas que parecen arrancadas de una novela de Peter Watts, mientras que el extraño coctel de filosofías y creencias de medio oriente recuerdan más bien los libros de Frank Herbert. Verdaderamente una novela original.

Uno de los aspectos más intrigantes del libro son los efectos sociales que los viajes interestelares han causado en la Humanidad. En un universo donde no existen los viajes más rápidos que la luz, aquellos que deciden viajar a otras estrellas se encuentran fuera de la secuencia de la Historia, de la “continuidad” de toda la raza, sus vidas poco más que fragmentos distribuidos a lo largo de las décadas y los siglos. Extranjeros perpetuos. El resto de la humanidad los llama, con desprecio, Wasters. Ellos, por su parte, llaman a los demás Planters. Gente que vive una monótona secuencia lineal de tiempo, siempre en un mismo lugar, como macetas. Lo único que les importa es su propia época. La gravedad planetaria deforma sus ambiciones e imaginación. Mientras que para ellos el tiempo ocurre, para los Wasters solo existe el ahora. Por supuesto, escoger cuál de las dos vidas preferiríamos vivir no es tan sencillo como parecería al principio.


Sara, una mujer Waster que ha caído en desgracia, es contratada por una corporación para ser enviada en un viaje a 58 años luz para investigar un planeta habitable que se encuentra en una región del espacio saturada por materia obscura, de bizarras anomalías gravitacionales y donde las leyes de la física parecen comportarse de manera extraña. La verdadera razón por la que es enviada no es por ser una exo-etnóloga sino para vigilar a una mujer llamada Thora, cuyo incomodo pasado hace necesario que la manden muy, muy lejos. Cuando llegan a las coordenadas correctas, casi 60 años después, encuentran un mundo infestado de formas cristalinas. Cuando amanece, la luz del sol hace que la superficie entera destelle como un caleidoscopio. El sentido de la vista es inútil. Ni siquiera lentes obscuros sirven cuando descubren que estos cristales en realidad son algo muy distinto. La escena cuando uno de ellos atraviesa con su brazo uno de estos “cristales” y su mano aparece del otro lado doblada, como si distorsionada por agua, es un verdadero momento de sense of wonder. Lo que primero nos haría suponer que se vienen página tras página de descripciones liricas sobre la geometría de los cristales y los colores de la luz que los atraviesa, a la Ballard (o las de CHAGA de Ian McDonald, para usar un ejemplo más reciente) pasa a segundo plano cuando DARK ORBIT se convierte en un libro muy pero muy diferente a partir del momento en que los exploradores encuentran a nativos, y al mismo tiempo Thora desaparece misteriosamente.


A continuación la mitad de los capítulos de la novela son narrados por Thora, atrapada en un universo de obscuridad absoluta. (El libro es quizá imposible de adaptar a otro medio a menos que estén dispuestos a pasar largos periodos de tiempo viendo una pantalla en negro). Estos capítulos acaban volviéndose claustrofóbicos para el lector. El tiempo no existe en tal lugar. No hay día ni noche. Es como estar atrapado dentro de tu propia cabeza. Ni cerrar los ojos ayuda para escapar. Thora duerme sin saber cuánto tiempo ha pasado, sin siquiera saber si ha abierto los ojos. Mientras esto ocurre, Sara intenta enseñar a “ver” a uno de estos nativos que viene del lugar donde Thora está atrapada. Una joven muchacha que está ciega, técnicamente, pero una ceguera que nace en el cerebro, no en los ojos. Es en ambas series de capítulos que podemos vislumbrar el verdadero propósito de Gilman, que logra que nos hagamos cuestionar la manera que procesamos la información que recibimos a partir de nuestros cinco sentidos, editando la gran mayoría de detalles innecesarios. El “mundo real” que percibimos es un muy pobre reflejo del verdadero. Un cuestionamiento casi ontológico que va más allá de lo que Watts, o inclusive Egan han llegado. Antes de terminar, Thora y Sara (y aquellos lectores con la suficiente imaginación) descubrirán las dimensiones adicionales “enrolladas” a nuestro alrededor propuestas por la cosmología de branas que hacen al universo mucho más grande, y pequeño, de lo que en un principio habíamos sospechado. Vivimos rodeados de un sinfín de universos y si bien son muchos los autores que pretenden explorarlos, Gilman parece ser la única que nos enseña el camino hacia cada uno de ellos. La verdad es una lástima que esta mujer escriba con tan poca frecuencia pero mientras mantenga este nivel yo la seguiré buscando.

viernes, 10 de junio de 2016

MÚSICA PARA AEROPUERTOS...

Desde que anunciaron el año pasado que los relatos de la Central Station de Lavie Tidhar por fin iban a ser coleccionados este es el libro de ciencia-ficción que yo más esperaba en el 2016. Tanta fue la espera, que conforme pasó el tiempo nos empezaron a llegaron reportes aparentemente contradictorios. CENTRAL STATION no va a ser una colección sino una novela. No, no. CENTRAL STATION va a incluir todos los cuentos de la saga. Me entusiasmaba la idea de una novela nueva en este universo tan lleno de posibilidades apenas explotadas pero yo seguía en mi afán necio de tener todas las historias en un solo volumen. Finalmente llegó el librito a mis manos y pude confirmar que CENTRAL STATION era, en efecto, ambos: una novela y una colección. Menciono todo esto porque en retrospectiva ya no estoy tan seguro que una fixup novel haya sido la mejor idea.


Los relatos de la Central Station tratan sobre el enorme aeropuerto espacial que se eleva sobre una Tel Aviv del futuro, y las vidas de los múltiples personajes que se arremolinan alrededor de la terminal. Gente que trabaja ahí o gente que va y viene del espacio exterior, cada uno con su propia historia como bagaje principal. En Amazon mencionan que los relatos de Tidhar recuerdan las novelas de Naguib Mahfouz, y creo que la comparación es muy apta. Los desdichados personajes de, por ejemplo, MIDAQ ALLEY (de donde sacaron la película mexicana de EL CALLEJÓN DE LOS MILAGROS) estarían perfectamente aquí, en los barrios y callejones bajo la sombra de la imponente e indiferente Estación Central. Sencillamente se encuentran entre lo mejor de lo mejor que nos ha ofrecido el género en la última media década, punto. Cada vez que me encontraba con uno en alguna revista era lo primero que leía. Son tan buenos que ya se hizo costumbre encontrarlos todos los años en las varias antologías de lo Mejor del Año. De hecho, en los últimos cuatro años consecutivos la antología anual de Gardner Dozois ha incluido sin falta por lo menos uno de estos relatos, a veces más. En otras palabras si son seguidores de las antologías de Dozois ya han leído casi la mitad de CENTRAL STATION, si bien fuera de orden.

O más bien, no lo han hecho…

Al principio creí que Tidhar únicamente había añadido pequeños párrafos al inicio de cada cuento (una táctica común en este tipo de novelas mosaico) para poder dar más cohesión a estos trece relatos. Sin embargo, como buen anal retentivo que soy y teniendo las antologías de Dozois a la mano, no pude evitar comparar los textos, lo cual me hizo descubrir enormes (y bastante curiosos) cambios. Uno pensaría que Tidhar realizó los cambios para agilizar la lectura. Evitar la simple repetición de información básica que resulta inevitable cuando estas escribiendo múltiples relatos a lo largo de varios años en distintas publicaciones y asumes correctamente que no todos han podido leer todos los anteriores. No es para nada el caso aquí. Por ejemplo, en “Under the Eaves”, apenas el segundo capítulo del libro, se nos informa lo que Miriam Jones hace para ganarse la vida… a pesar que la misma información ya se nos dio en “The Indignity of Rain”, el primer capítulo, apenas cinco páginas antes. Esto se habría podido solucionar muy sencillamente removiendo tan solo un par de frases. Lo que lo hace todavía más curioso es que en esa misma página Tidhar quita un párrafo completo que en mi opinión era bellísimo en el relato original. No solo no ayuda en nada al libro, no agiliza o simplifica la trama, sino que peor aún afecta negativamente al “capitulo”. Me parece que el relato original funciona mejor precisamente porque no descubrimos sino hasta el mero final que la persona con la que Isobel sueña con volver a encontrar esa misma noche, su amor prohibido, se trata de un robotnik. Aquí desde el principio Tidhar nos lo revela. Para qué, no lo sé. Honestamente prefiero el relato original. Lo mismo me ocurrió con “The Book Seller”, otro favorito mío. Me da la impresión que quizá habría preferido una colección en vez de una novela. Es decir, los relatos, intocados, dentro de un libro. De cualquier manera las costuras se pueden ver. Me cuesta trabajo creer que alguien leería este libro sin darse cuenta que originalmente eran cuentos cortos. Por supuesto, esto ocurre con THE MARTIAN CHRONICLES y nadie se queja. De nuevo, es a gusto de cada quien. Si debía ser una novela mosaico habría preferido quizá algo como MORE THAN HUMAN. Por supuesto, Tidhar es el autor y está en todo su derecho de alterar su propia obra. Él sabe mejor que nadie lo que le conviene, pero confieso que no quede muy convencido.

Leyendo el párrafo anterior antes de publicar la postal parece que estoy diciendo que el libro no me gustó, que los cambios me arruinaron la experiencia. Por el contrario, sigo convencido que puede ser lo mejorcito que nos va a dar el 2016. Relatos como “Strigoi” (o de nuevo “The Book Seller”) siguen siendo extraordinarios y conmovedores respectivamente. La escena donde el protagonista del segundo abre la caja con libros me sigue afectando de la misma manera, y asumo que a todos los que amamos las novelas baratas que “no son verdadera literatura” nos ocurre lo mismo. Quién sabe, quizá alguien que nunca ha leído los relatos originales disfrutara el libro de la misma manera que yo hice cuando los leí por primera vez. Lo que si me queda claro es que es evidente que Tidhar sabía desde un principio que estaba escribiendo una novela y no un ciclo de relatos. Hay momentos que Boris aparece de repente en algún párrafo aislado en relatos que no tiene nada que ver con él. No se explica quién es o por qué el narrador nos está hablando de él. Yo estaba seguro que esto era algo que el autor había añadido a la hora de publicar este libro para ligar mejor las historias, pero no. Releyendo los originales, estas interrupciones ya estaban presentes. Lo mismo ocurre con el niño Kranki. Muy buen truco, la verdad. Ya solo para terminar, es una verdadera lástima que no todos los relatos de la serie pudieron ser incluidos. Cuentos como “The Memcordist” y “Only Human”. Entiendo que el énfasis del libro debían ser las historias que ocurren en la Central Station, pero aun así…


Lavie Tidhar es un autor que en apenas unos cuantos años ha adquirido renombre afuera de los confines del gueto de la literatura fantástica gracias a sus novelas ucrónicas como OSAMA y A MAN LIES DREAMING, lo cual es muy merecido, pero yo personalmente sigo prefiriendo sus relatos cortos, de los cuales el ciclo de la Central Station continua siendo su obra maestra. Muy, pero muy recomendado.